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31

agosto 31, 2010

* ♪…you’re not trying hard enough, our lives are changing lan–… *
-Bla, bla, bla.
-¿Uh? ¿Ah?
*se quita los audífonos*
-… el celular. Dámelo.
Justo después de reconocer la navaja a quince centímetros de mi estómago, guardé la cartera, que traía en la mano, en mi bolsa izquierda y me saqué el celular de la otra bolsa, se lo entregué .
-¿Qué más traes?
-Nada, güey, nomás traigo el celular.
-Dame en lo que estén conectados los audífonos.
Jalé los audífonos para que se desconectaran de un tirón.
-No traigo nada, iban conectados en el cel–
-Te doy cinco segundos para que me des lo que traes en la bolsa, si no bla, bla bla.
-Güey, hazme el paro, voy a la escuela.
-Dámelo.
-Pero, güey–
-Ya te dije, te doy–
Saqué el iPod y se lo entregué.
-Camina cabrón, si volteas o haces algo bla, bla, bla.
Caminé. De reojo alcanzaba a ver que no había una sóla persona por toda la calle. Tampoco carros, a pesar de ser una avenida por lo general transitada.

Hay dos cosas que me tranquilizan. Una, que el individuo no me daño físicamente. Dos, la brutal manera en que ese tipo de personas serán fornicadas por el el misimísimo demonio.

Sin embargo, no dejo de sentir mucha jodida rabia.

Hijos de puta.

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5 comentarios leave one →
  1. kazuyanavy permalink*
    septiembre 1, 2010 12:09 am

    Putos!!! Lucifer les hara un anal digno del infierno!!

  2. septiembre 1, 2010 12:11 am

    pues las cosas materiales se reponen…

    pero si, esta cabrón quedarse con esa rabia y no poder meterle una bola de vergazos al pendejo que te robó

    😦

  3. Silver permalink
    septiembre 1, 2010 12:13 am

    Maldito hijo de puta!! pinche gente paria que no tiene nada bueno que hacer en la vida. chingadamadre.

  4. septiembre 1, 2010 12:14 am

    Wey, ayer saliendo del Seguro Social con mi jefa cuando subíamos al coche pasó un tipo corriendo y otro detrás gritando algo. Después capté que decía “deténganlo” mientras junto con otros dos, intentaban alcanzar al pillo que acababa de sacar un autoestéreo de una camioneta.
    Yo me apendejé la verdad, y solo me quedé viendo como el putísimo ladrón corría hacia boulevard después de haberse detenido un instante a ver quienes lo seguían. Ya no supe más, pero igual un sentimiento de rabia e impotencia se apoderó de mi. Esas son chingaderas, la verdad.
    Lo bueno es que estás bien, el iPod, celular y demás el @chemapunk te lo repone con la mano en la cintura; eso o haz un video como el gatito ése que tocaba el teclado.

  5. septiembre 1, 2010 9:41 am

    Tio, me pasó exactamente lo mismo ahí en Arteaga con Cuau. Lo peor es que sí había gente y carros pasando, pero era lo mismo que no hubiera nada: nadie me pudo ayudar y no pude hacer nada.
    Amigo, también sentí coraje, pero aunque sune trillado, aprende de esta experiencia: ahora ya no saco los gadgets en la via publica.

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